El verdadero valor del título

Mucho se ha hablado ya de las razones que convergieron para que Barcelona Sporting Club haya sido el justo ganador del Campeonato Ecuatoriano 2016. Buen técnico, buen grupo de jugadores, excelentes directivos y el apoyo permanente de la hinchada son, sin duda alguna, causas que justifican el logro obtenido.

Como ya se ha hablado tanto de eso, mi propósito no es el seguir abundando en esos detalles, sino el expresar lo que en mi opinión, es lo más valioso: lo que ha dejado como legado este nuevo título.

La consecución de la tan anhelada estrella 15 tiene un mensaje especial. Un mensaje que renueva la esperanza de que las cosas pueden salir muy bien cuando se obra bien.

Llegó un grupo de directivos en lo que podríamos identificar como el momento más difícil de su historia. Sumido en deudas, desesperanzas, vergüenzas, y poca credibilidad, la institución torera debía decidir su suerte entre quienes en los últimos cuatro años jamás cumplieron las promesas de institucionalización y fiscalización mientras se escudaban detrás de la estrella 14, y un grupo de aspirantes que luchaban para quitarse de encima la campaña de politización que desde el oficialismo de ese entonces se les endilgaba en una campaña marcada por resentimientos, falta de autocrítica e intentos de autoritarismo.

Con fortaleza y trabajo enfrentaron todas las acusaciones y siguieron adelante. Finalmente los socios amarillos decidieron darles la oportunidad… Y esta vez no se han equivocado.

Aquí es donde comienza a escribirse el legado del que les quiero hablar: “Cuando las cosas se planifican bien, normalmente salen bien”

A la cabeza estaban dos futbolistas que saben administrar, lo que ha resultado ser mejor fórmula que administradores a los que les gusta el fútbol, ¿Suena a confusión?… Tal vez no tanto.

Cevallos y Alfaro no solo que fueron futbolistas, fueron de los mejores y además con la cuota que cualquier equipo quisiera tener en sus filas: pundonor deportivo y grandeza humana. Sí, muchos jugadores podríamos nombrar con esas características, pero si a eso le sumamos lo que ya habían demostrado en el campo directivo y administrativo los aspirantes a una de las más difíciles tareas en nuestro país, no podemos negar que los augurios de éxito podían multiplicarse.

Supieron unir a su batalla otra gente de sus características, gente que conocía de fútbol, gente administradora, gente de buen corazón y sobre todo con mucho amor por su club.

Este equipo tomó decisiones, planificó objetivos y estableció prioridades. Poco a poco y semana a semana salían no solo a la cancha sino también a las oficinas de directivos, empresarios, abogados y juzgados a cubrir las grandes heridas que todos los que los antecedieron habían dejado.

Mejoraron el ambiente a la interna y a la externa. Por dentro el club comenzaba a lucir mejor en la parte estética y organizativa. Por fuera comenzaba a cosechar algo de la credibilidad perdida para poder sacar adelante los objetivos.

Los socios que tenían dudas comenzaban a creer. Los jugadores que perdían fuerzas comenzaban a sumar. Los hinchas que miraban con fe comenzaron a apoyar.

Los resultados deportivos y administrativos no eran producto del azar. Claramente eran objetivos bien planificados y bien construidos. Mención especial para un importante generador de ideas y de ingresos como Alfredo Cuentas, pieza fundamental del funcionamiento del nuevo Barcelona.

Cuando hablo de la importancia de este título y del legado que deja me refiero a lo que ha quedado en la imagen pública:

No se necesita solo ser un reconocido empresario para tener éxito en el fútbol.

No se necesita hacer alarde de una fortuna para ser presidente de un club.

No se necesita ser un político influyente para ser popular y ganar campeonatos.

No se necesita unirse a la corriente de corrupción en la que estuvo manchado el futbol ecuatoriano y mundial para tener éxitos deportivos.

Se necesitan ideas, conocimiento, preparación, decisión, planificación, trabajo y por sobre todas las cosas, un verdadero amor a la institución para sacarla del abismo y llevarla al éxito. Un éxito que por ahora es momentáneo y frágil, pero que pueden hacerlo duradero y sólido si completan su período de la misma manera como han empezado.

¡Gracias por el legado!

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