La peor narración deportiva de la historia en la radiodifusión

Era el mes de noviembre del año 1985 y en Cuenca se realizaban los X Juegos Deportivos Bolivarianos. Era una época en la que los medios de comunicación deportiva ponían mucho énfasis en todos los deportes, no solo en el futbol. Recuerdo aquellos tiempos en los que hacíamos transmisiones de competencias automovilísticas, de carreras de caballos, de ciclismo, atletismo, baloncesto, boxeo, marcha (a la que en una época se le decía “caminata”), fuera-bordismo, etc. Para las nuevas generaciones esto podría sonar como descabellado, pero para los que nos llamamos “ochenteros”, es una etapa que realmente añoramos.

Recuerdo muchas cosas de ese torneo bolivariano porque fue muy especial para mí. Era mi primer año como periodista y ese era mi primer gran torneo internacional. Era la primera vez que tenía una asignación de trabajo por tantos días fuera de mi ciudad. ¡Estaba súper emocionado!

CRE había asignado un equipo numeroso para ese evento. Recuerdo haber compartido con Kléber Zambrano, Alfonso Chiriboga, Mario Viteri, Pedro Cabrera, Rudy Ortiz, entre otros. Contábamos con choferes, equipos, asistentes técnicos y todas las facilidades necesarios para una gran cobertura. Y modestia aparte, fue una gran cobertura.

Cada día planificábamos y nos distribuíamos en las diferentes sedes en las que había competencias. Un coordinador general en Guayaquil organizaba la logística para que la información desde todos los escenarios saliera a tiempo. Aunque había emisiones diarias para hablar de los Juegos Bolivarianos, dependiendo de los horarios de competencias, los informadores debíamos estar listos en todo momento para enviar nuestros reportes.

Dato importante a recordar. No existían los celulares, los teléfonos inteligentes y mucho menos el internet. Nuestras herramientas más preciadas y avanzadas eran los teléfonos de línea fija, las consolas de sonido portátiles y los walkie-talkies.

También recuerdo este magno acontecimiento por una experiencia muy personal: El peor relato deportivo de la historia.

Aquella noche yo había sido asignado al coliseo de boxeo, y aunque no me sentía nada cómodo con la tarea, me tocaba hacerlo. No me gustaba el boxeo y confieso que tampoco tenía ganas de aprender algo acerca de una actividad que yo ni siquiera consideraba deporte… Pero esa es otra historia.

Era el último programa de la noche en la radio, y cada cierto tiempo el coordinador hacía una ronda con todos los informadores en sus puestos de trabajo. Eran casi las diez de la noche y la coordinación estableció una nueva ronda de información, y cuando me tocó el turno, estábamos presenciando el último round de la última pelea de la noche entre un ecuatoriano y un venezolano. Yo quería dar la información final del combate en esa ronda para poder abandonar mi puesto de información en ese momento y no tener que quedarme hasta esperar otra ronda, así que alargué un poco mi informe con la esperanza de que el combate terminara rápido y yo pudiera finalizar mis labores ese día… Pero se venía el round más largo de mi vida…

Yo daba los nombres de los boxeadores, explicaba todos los detalles con respecto a la pelea y hasta pasaba los comerciales… pero la pelea continua. Yo quería dar el último informe y el resultado de esa pelea antes de dar paso a estudios nuevamente, así que seguía alargando mi participación… pero la pelea continuaba. Y así fue como decidí estrenarme como relator de boxeo.

“Los boxeadores se encuentran en el centro de la cancha. ¡El ecuatoriano le va a pegar, le va a pegar, le va a pegar… le pegó! Cuidado con el venezolano, cuidado, cuidado… Ya le pegó también… ¿No se termina esta pelea?… Deja, Deja, Deja, Deja lava mejor, tanto la ropa blanca como la de color… No sé por qué no termina esta pelea… Terminooo, terminooo… al fin terminoooo”

Esos fueron los segundos más largos de mi vida periodística, y sin lugar a dudas, la peor narración de boxeo de la historia.

Todo esto se me vino a la mente después de ver lo que pasó con el colega Jorge Salazar de RTS. Una reacción tan natural que para algunos se convirtió en una oportunidad de burla y ataques inmisericordes. Fue una situación graciosa sin duda, pero no creo que haya sido un motivo para poner en duda sus condiciones como comunicador.

Ahora estoy feliz de que en esa época no existiera Facebook, Twitter y toda esa gama de avances tecnológicos que pueden hacer del bullying una tarea tan fácil en estos días. Gracias a eso aún puedo guardarme solo para mí, aquellos recuerdos de la peor transmisión de boxeo de la historia.

Leave a Reply

%d bloggers like this: