¡La paz es responsabilidad de todos!

La violencia en los estadios no se va a combatir solo con leyes y represión, también debe combatirse con prevención y redireccionamiento de la cultura del espectador. Para eso no solo se necesitan leyes, se necesita colaboración efectiva de todos los protagonistas del escenario deportivo.

Primero es lo primero. La sociedad debe empezar por liberarse del pensamiento de que hay castigos demasiado severos para cierto tipo de infracción. Ya sea espectador, deportista, dirigente o autoridad del partido, todos estamos para actuar de manera correcta y asumir las consecuencias de nuestros actos, por lo tanto, sancionar con verdadera severidad actos violentos no debería ser una preocupación para nadie en cuanto a la dureza de una pena, ya que esa pena no tiene que pagarse si no se comete una infracción.

Dicho esto, la violencia extra deportiva debe ser duramente reprimida. Obviamente, no es lo mismo sancionar una fuerte falta producto de un juego que una agresión física o verbal a cualquiera de los actores del espectáculo. Para el primer caso, las sanciones deben ser pensadas dentro del ámbito deportivo, para el segundo, deben ser analizadas con el espíritu de la cultura de una sociedad deportiva segura.

1.- De los organizadores

Sancionar a un dirigente por un año, cinco, diez o de por vida de la dirigencia deportiva, puede ser una sanción deportiva suficiente, pero el daño hecho a la sociedad debe ser castigado con mayor severidad y en el ámbito de la justicia ordinaria. No debe haber contemplaciones con dirigentes que agreden de obra o palabra a cualquiera de los otros protagonistas del espectáculo deportivo. Ya sean agresiones físicas o verbales, públicas o en privadas, deben ser objeto de juicios legales patrocinados por el cuerpo colegiado que corresponda. Si se trata de agresión a espectadores, el patrocinador natural de la causa debería ser la Defensoría del Pueblo.

Las ceremonias y protocolos que promulgan el “fair play”, tales como salida al campo de juego, respeto cuando se trate de entonación de himnos o asistencia a ruedas de prensa, deben ser obligatorias y de responsabilidad del club y sus representantes legales. El incumplimiento debe ser duramente sancionado por la autoridad. Al decir duramente no estamos hablando de tibias multas sino de aquellas que realmente hagan tambalear la estabilidad de un club o de un profesional de futbol. ¿Valores? De cien mil dólares para arriba a los clubes que no colaboren.

2.- De los protagonistas

Jugadores, integrantes de cuerpo técnico, árbitros y empleados administrativos que participan del evento deportivo deben ser también duramente sancionados si incurren en violencia verbal o física ya sea pública o privada. Ellos también deben estar expuestos a cumplir sanciones tanto en el ámbito deportivo como en el de la justicia ordinaria.

3.- De los aficionados (incluyendo a aquellos que, fungiendo de dirigentes en sus clubes, no están oficialmente inscritos ante el organismo oficial con el fin de evadir sanciones)

Los aficionados que llegan a un estadio con la finalidad de crear violencia deben ser identificados, perseguidos, apresados y procesados como terroristas. No es ninguna exageración. Quien genera violencia en un evento público, no está poniendo en peligro solo a él y a su contrincante, está poniendo en peligro a toda la comunidad a su alrededor. Que gente inocente, adultos y menores de edad están expuestos a peligro de muerte por un salvaje, es un acto de terrorismo.

De igual manera debe hacerse un seguimiento y procesamiento a los atentados cibernéticos. Las redes sociales no pueden ser un escudo de impunidad, por lo tanto, cualquier gesto de violencia por esas vías también debe ser patrocinada por cuerpos colegiados correspondientes.

El video debe ser incorporado como herramienta valida en cualquier caso para sancionar a los violentos. Deben los dirigentes eliminar es traba mañosa de pedir “videos certificados por la televisora que transmitió el evento”, ya que eso solo sirve para alcahuetear la impunidad. Videos de seguridad y otros con alguna firma de responsabilidad deberían ser suficientes para sancionar con severidad y para iniciar procesos judiciales. Hasta los vídeos captados por informales y subidos a redes sociales deberían ser una oportunidad para que los cuerpos colegiados correspondientes inicien una acción legal.

4.- De la prensa

Los medios de comunicación y periodistas independientes debemos hacer una auto evaluación de nuestra participación en el proceso de eliminar la violencia en los estadios. Los independientes pueden o no querer participar de la solución porque ese es su derecho, pero si no son parte de la solución, serán parte del problema.

Los medios de comunicación, especialmente quienes se dedican al quehacer deportivo, sí deben tener una responsabilidad mayor y obligatoria en el proceso. Deben estar dispuestos a promocionar campañas en pro de la paz en los estadios, no solo cuando un hecho lamentable se produce sino de manera permanente. También deben comprometerse a no ser generadores de violencia y a guardar para ello siempre una posición profesional e instruir de la misma manera a sus periodistas que, dicho sea de paso, no son solo periodistas cuando hablan o escriben para un medio, también lo son cuando escriben en sus páginas personales o en sus redes sociales. Ese cuento de que “aquí doy mi opinión personal y no la profesional” es una excusa barata para ser parte del problema. Después de todo, la gente que los sigue lo hace porque hablan de deportes y esperan de ustedes una opinión más calificada y profesional

Podríamos resumir diciendo que no puede haber una definitiva solución a la violencia en los estadios si no existe una acción coordinada y en conjunto que debe ser tomada con la misma responsabilidad por todos los elementos del evento: dirigencia deportiva nacional y dirigencia de los clubes; jugadores, cuerpo técnico y personal administrativo de los clubes; legisladores y organismos de justicia ordinaria; aficionados y prensa deportiva.

Todos debemos asumir nuestra cuota de responsabilidad… ya sea del éxito o del fracaso.

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